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IN MEMORIA: Ninguna persona será feliz, sino tiene el propósito o conoce el sentido de su misión.

ODA A LA VIDA.

ODA A LA VIDA.

La organizadora de una conferencia en Veracruz escribió un epitafio para su hija con problema cerebral y mando imprimirlo y repartirlo en el funeral de la niña, me obsequió uno, era una oda a la vida un llamado para la gente insensible para que entiendan que dejen de actuar como robot y que lo más importante y valioso de la vida se encuentra a nuestro alcance. Que dar consuelo, ánimo, afecto, puede convertir una vida vacía en una vida bendecida. La niña era minusválida y la madre escribió seguramente lo que la niña pensaba y sentía, lo que sienten los niños minusválidos.

 

Bienaventurados los que entienden que aunque mis ojos brillan, mi mente es lenta

Bienaventurados los que saben que mis oídos tienen que esforzarse para comprender lo que oyen.

Bienaventurados los que al mirarme no ven la comida que dejo caer del plato.

Bienaventurados los que disimulan ante mi extraño paso al caminar y mis manos torpes.

Bienaventurados los que comprenden que aunque no hablo mi corazón les dice cuanto los amo.

Bienaventurados los que me respetan y aman como soy y no como ellos quisieran que fuera.

Bienaventurados los que con su amor y sus cuidados me acompañaron en mi peregrinar al encuentro con Dios.

 

Con un texto como este estoy seguro que es más fácil comprender a los enfermos y a los desvalidos, no juzgarlos y ponernos un poquito en su lugar. Por cierto, nada ayuda más a suavizar el corazón que tenderle la mano a un pequeño, a un viejo o a un enfermo.

 Nada nos hace más humanos que abrazarlos, charlar, jugar con ellos y aprender a quererlos.

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